La apertura comercial es un proceso mediante el cual un país reduce o elimina las barreras al comercio exterior, como los impuestos a las importaciones (aranceles) y las restricciones a productos extranjeros. En México, este modelo comenzó a implementarse con mayor fuerza a partir de la década de 1980, como respuesta a las crisis económicas anteriores y a la necesidad de integrarse a la economía mundial.
A diferencia de los modelos anteriores, que buscaban proteger la producción nacional, la apertura comercial promovió la competencia internacional. Esto significó que México empezó a importar más productos del extranjero, pero también a exportar más bienes hacia otros países. Un momento clave fue la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que facilitó el intercambio comercial con Estados Unidos y Canadá.
Este proceso permitió la modernización de muchas empresas mexicanas, ya que tuvieron que volverse más eficientes para competir con productos internacionales. También aumentó la inversión extranjera y se ampliaron las oportunidades de comercio.
Sin embargo, la apertura comercial también tuvo efectos negativos, Muchas pequeñas y medianas empresas no pudieron competir con grandes compañías extranjeras y desaparecieron. Además, algunos sectores, como el campo, se vieron afectados por la entrada de productos más baratos del exterior, lo que aumentó la desigualdad en ciertas regiones.

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